viernes, 19 de octubre de 2012

EL REPUBLICANO QUE INVENTÓ EL TRAJE ESPACIAL

En 1935 el prestigioso semanario Berliner Ilustrarte Zeitung dedicaría su artículo central a la escafandra que Emilio Herrera Linares había diseñado para viajes a la estratosfera. (Haga clic sobre la imagen para verla ampliada).

EL REPUBLICANO QUE INVENTÓ EL TRAJE ESPACIAL.

La pasada semana una noticia dio la vuelta al mundo: un hombre saltaba al vació desde casi 40.000 metros de altura y tras superar la velocidad del sonido tomaba tierra sano y salvo un cuarto de hora después. Para completar tamaña hazaña el austriaco Felix Baumgartner, así se llama este deportista, solo contaba con la protección de un traje similar al que utilizan los astronautas en sus paseos espaciales. Seguramente Baumgartner, al igual que muchos españoles, no sepa que en el origen de ese traje se encuentra un militar español que tuvo que exiliarse en 1939 como tantas decenas de miles de españoles leales a la legalidad republicana. Su nombre era Emilio Herrera Linares, otro de esos ilustres “desconocidos” por obra y gracia de la Guerra de España y la losa de silencio que sobre la memoria de muchos españoles colocó el régimen franquista posterior a la guerra.

Emilio Herrera fue un hombre polifacético, a su condición de militar, hay que unir la de científico, matemático, ingeniero e inventor, siendo también uno de los pioneros de la aeronáutica española. Durante su exilio continuó con su actividad investigadora, y nunca renunciaría de su lealtad a la República, llegando a ocupar el cargo de Presidente del Gobierno de la República en el exilio entre 1960 y 1962. Podríamos encontrar paralelismos entre Herrea y Virgilio Leret, otro aviador e ingeniero que diseñó un prototipo de motor a reacción pionero en su época , y que acabaría sus días fusilado en Melilla por los golpistas el 18 de julio de 1936. Herrera y Leret son solamente dos ejemplos de una inigualable generación perdida durante la guerra, donde podíamos encontrar ilustres científicos, médicos, ingenieros, arquitectos, artistas, escritores, músicos, poetas y un largísimo etcétera. Un conjunto de talento único en la Historia de España hasta aquel momento, en el que sin duda tuvo mucho que ver la labor de la Junta de Ampliación de Estudios (JAE) heredera en gran medida de la Institución Libre de Enseñanza. Todo un patrimonio humano que se perdería tras la guerra con la llegada del franquismo.


Don Emilio Herrera Linares fue un hombre polifacético. A su condición de militar unía la de científico, ingeniero, matemático o inventor, entre otras. Años después de finalizada la guerra ocuparía la Presidencia del Gobierno de la República en el exilio. (Haga clic sobre la imagen para verla ampliada).

Emilio Herrera Linares nació en Granada el 13 de febrero de 1879 en el seno de una familia de brillante trayectoria militar, muy ligada al Cuerpo de Ingenieros. Su abuelo paterno, había sido un destacado militar condecorado con la Laureada de San Fernando, a la vez que un experto en sistemas de fortificación de prestigio internacional, cuyos tratados y estudios se publicaron en diversos países, por lo que sería distinguido con numerosas distinciones y condecoraciones, entre ellas la Gran Medalla de las Ciencias que le concedió el Rey Guillermo IV de Prusia. Su padre fue también militar de una larga y meritoria trayectoria, obteniendo la Cruz de San Fernando en la Segunda Guerra Carlista. Además de militar, su padre tendría una gran inquietud científica, lo que le llevaría a montar un laboratorio de experiencias físicas en Granada, donde experimentaría con los descubrimientos del momento, como la linterna mágica o el fonógrafo. También asombraría a sus vecinos iluminando la Alambra con arcos fotovoltaicos o mostrando elevaciones de globos aerostáticos. Pero además el padre de nuestro protagonista era un gran aficionado a la fotografía y a la música, publicando varios tratados, alguno de los cuales se publicaría en el extranjero. Destacar también que su madre además de una destacada intérprete de piano, era una gran pintora.

En este privilegiado ambiente Emilio Herrera Linares pronto comenzaría a dar muestras de su gran talento, obteniendo excelentes calificaciones durante su etapa escolar. A los 15 años ingresaría en la Universidad de Granada, con la intención de estudiar arquitectura (los Herrera sostienen descender del creador de El Escorial) pero acabaría abandonando la universidad para intentar ingresar la carrera militar, y en 1896 entraría en la Academia de Ingenieros de Guadalajara. Terminaría sus estudios militares en 1901 como primer teniente de Ingenieros y, como sus compañeros juró por su honor no aceptar ascensos por méritos de guerra, como era tradición en los cuerpos de Ingenieros y Artilleros. Tras pasar por los destinos de Sevilla y Melilla, Herrera regresaría a Guadalajara para asistir a un curso de la Escuela Práctica de Aeroestación.

Una imagen de la Escuela Práctica de Aerostación de Guadalajara donde Herrera iniciaría su relación con el mundo de la aeronáutica. (Haga clic sobre la imagen para verla ampliada).

En 1905 coincidiendo con un eclipse solar, se preparan diversas observaciones a realizar desde globos aerostáticos a una altitud de 5000 metros, y se requirió la presencia de Herrera para esta misión que resulto todo un éxito, recibiendo el informe presentado por Herrera los elogios de la Comisión Científica Internacional de Aerostación. Ese mismo año participaría en un concurso en Francia, consiguiendo recorrer 1180 Km. a una media de 87Km. por hora. Tras estas dos hazañas, el teniente coronel Pedro Vives Vich, comandante jefe de la base de Guadalajara, pidió que Herrara fuera trasladado a la unidad. De esta forma Emilio Herrera pasaría a ser uno de los pioneros de la aeronáutica española. En este periodo Herrera realizaría numerosas ascensiones, tanto en España, donde batiría el record de altura llegando hasta 6.000 metros, como en otros países de Europa, obteniendo un gran reconocimiento internacional, así como diversas condecoraciones, entre ellas la Cruz de la Legión de Honor francesa.

Globos aerostáticos en Burgos preparados para contemplar y estudiar el eclipse total que tuvo lugar el 30 de agosto de 1905. (Haga clic sobre la imagen para verla ampliada).

En 1908, junto con Alfredo Kindelán (otro de los pioneros de la aeronáutica española) asiste a una demostración de vuelo del avión de los hermanos Wright. Un año después, tras el desastre del Barranco del Lobo, su unidad es enviada a Marruecos, siendo la primera vez que una unidad de este tipo entra en combate. El éxito de las misiones de reconocimiento de los globos, así como su utilidad para dirigir y corregir el fuego de la artillería, supondría el espaldarazo definitivo para el nacimiento de la aviación española. Al poco tiempo el ejercito adquiere varios aviones Farman, y poco tiempo después otros aparatos Nieuport. Herrera es uno de los primeros pilotos de España.

Con una escuadrilla de Nieuport IVG como el de la fotografía, Emilio Herrera intervendría en diversas acciones en Marruecos en 1913. (Haga clic sobre la imagen para verla ampliada).

En 1913 la situación en Marruecos es complicada, y se envía una escuadrilla de aviones al mando de Herrera. Estando en Marruecos protagonizaría, acompañado por Ortiz Echagüe, otra hazaña a los mandos de su avión al ser el primero en cruzar el Estrecho y unir Europa y Africa. Participaría en diversas misiones de combate, por lo que sería ascendido a comandante por meritos de guerra, al cual renunció. Tras el éxito de estas acciones, el papel de la aviación cobra una importancia transcendental en las operaciones militares, como se confirmará posteriormente durante la Gran Guerra, durante la cual Herrera es invitado como agregado militar al Royal Air Corp por el gobierno Británico.

Haga clic en la imagen para ir a la página de Madrid en Guerra.

No quedaría fuera del interés de Herrera todo lo relacionado con los dirigibles, de los que pensaba serían la solución para el transporte aéreo trasatlántico. Participaría en varios proyectos como el de unir Coruña y New Cork, para lo que el mismo diseño un dirigible que nunca se llegó a construir. También participó en el proyecto de unir Sevilla con Buenos aires, en el que colaboraba también la compañía alemana Zepellin. Herrera viajaría de Sevilla a Buenos Aires en la primera travesía del Atlantico del legendario Graf Zepellin, así como en un viaje de ida y vuelta a Río de Janeiro. Finalmente el proyecto sería descartado.

Un Zepellin sobrevuela Madrid. (Haga clic sobre la imagen para verla ampliada).

A su regreso a España tras la Primera Guerra Mundial Herrera será encargado de crear el Laboratorio Aerodinámico de Cuatro Vientos, un avanzado centro que será básico en el espectacular desarrollo de la aeronáutica española, una de las más punteras de la época, en gran parte debido al trabajo de Herrera al frente de este laboratorio, donde destacaba un túnel aerodinámico en circuito cerrado, el mayor de Europa, diseñado por el propio Herrera. La existencia de este laboratorio será clave en el diseño y creación del autogiro de Juan de la Cierva, uno de mayores logros de la tecnología aérea española de todos los tiempos. En la génesis del autogiro jugó un papel de vital importancia todo lo relacionado con el cálculo matemático y las pruebas realizadas en el túnel aerodinámico, donde el inventor contaría con la inestimable colaboración de Herrera. Cuando se construyó el primer prototipo de autogiro, el aparato tenía tendencia a inclinarse hacia la derecha, por ello Herrera aconsejó a Juan de la Cierva “que buscara la colaboración de Pablo Iglesias para compensar esa tendencia”.

En la imagen vemos el autogiro de Juan de la Cierva en el aeródromo de Cuatro Vientos. (Haga clic sobre la imagen para verla ampliada).

Aunque el desarrollo y los avances en la tecnología aérea habían sido notables, en 1928 se crea la Escuela Superior de Aerotécnia que tratará de rellenar el hueco que existía en lo relaciona con estudios de ingeniería específicos relacionados con la aeronáutica. Nuevamente sería Herrera el elegido para conducir este proyecto, en el que se involucraría completamente, llegando incluso a diseñar los planos del edificio.

Llegamos a los años 30 y hemos visto (aunque se podría escribir muchísimo más) el importante papel que Emilio Herrera ha desempeñado en todo lo relacionado con el espectacular desarrollo de la aeronáutica, tanto a nivel nacional como internacional, y a sus importante implicaciones en el ámbito tanto civil como militar. Desde principios de siglo hasta el comienzo de la guerra, la aviación española había conseguido importantísimos logros en todos los ámbitos, que nos llevaría mucho tiempo recordar, situándose en uno de los primeros lugares a nivel mundial, y gran parte de ese mérito se debe al trabajo de Emilio Herrera Linares.

El túnel de viento de la Escuela Superior de Aerotécnia diseñado por el propio Herrera. FOTO REVISTA AEROPLANO. (Haga clic sobre la imagen para verla ampliada).

Otro de los aspectos en los que Herrera destacó es el de la astronáutica, un tema en el que ya trabajó y propuso adelantos ya desde antes de los años 20, cuando todavía la aviación acababa prácticamente de nacer. En este ámbito se enmarca el proyecto que en 1931 comenzó a desarrollar Herrera: la ascensión en globo libre a la estratosfera (algo de rabiosa actualidad en estos momentos). Se trataba de estudiar, entre otras cosas, las radiaciones cósmicas a más de 23.000 metros de alturas. Para la ascensión se construiría un globo de 24.500 metros cúbicos y 36 metros de diámetro. También para este proyecto Herrera diseñó una “escafandra estratosférica” capaz de permitir a una personar soportar las condiciones que se iba a encontrar en la ascensión, este primer traje espacial que contaba con micrófono, sistema de respiración antivapor, termómetros, barómetros o varias herramientas para medir y recoger muestras, un diseño que serviría de base a los trajes espaciales del futuro. Todo estaba preparado para la ascensión, que realizaría el propio Herrera pese a contar ya con 57 años, pero el inicio de la Guerra Civil truncaría el proyecto.

Fotografía de la escafandra estratosférica de Herrera, que serviría de base para los actuales trajes espaciales. (Haga clic sobre la imagen para verla ampliada).

El golpe militar de julio de 1936 sorprenderá a Emilio Herrera en Santander, donde se encontraba impartiendo un curso de aerodinámica en la Universidad de Verano, y aunque era una persona de un talante liberal moderado y católico, no dudó en regresar a Madrid vía Francia, para prestar sus servicios en la defensa de la República, como había jurado hacer. En Madrid se presentó al teniente coronel Ángel Pastor Velasco, Subsecretario de Aviación. Emilio Herrera sería nombrado Jefe de Instrucción y de Servicio Técnico, con destino en Los Alcázares, Murcia, de su jefatura dependían las escuelas de pilotos, observadores, bombarderos, mecánicos y radiotelegrafistas. Contar como curiosidad que realizaba numerosos viajes entre los diferentes centros de entrenamientos de pilotos, casi siempre de noche para no ser detectados, y para aprovechar el tiempo y mantener su mente ocupada aprendió a leer en braille.

Durante la guerra tendría que pasar uno de los momentos más amargos de su vida, su hijo Emilio piloto de caza de la República, moriría en combate en septiembre de 1937 a pilotando un Polikarpov I-15 “Chato” en el Frente de Teruel con apenas 19 años cumplidos. Emilio Herrera tenía otro hijo, José Herrera “Petere”, quien se alistó al Quinto Regimiento en los primeros días de la guerra. Jose Herrera “Petere” alcanzaría reconocimiento como poeta y escritor finalizada la guerra.

En septiembre de 1937 uno de los hijos de Herrera piloto de aviación republicano moriría pilotando un Polikarpov I-15. (Haga clic sobre la imagen para verla ampliada).

En 1938, dos días después del aniversario de la muerte de su hijo, sería ascendido a general, la prensa del momento se hacía eco de ello: «…una vida consagrada por entero al estudio y al trabajo, una intensa y abnegada actuación al servicio de la ciencia aeronáutica, una probada dignidad profesional y cívica, que ha sido recompensada por el Gobierno de la República, ascendiendo a general a D. Emilio Herrera Linares, ilustre sabio español. Con ello nuestra patria demuestra, una vez más, su gratitud a quien tan noblemente ha contribuido con sus profundos conocimientos técnicos y sus excelsas cualidades morales al progreso y engrandecimiento de su país». Finalizando el año de 1938, acompañaría a Indalecio Prieto a Chile en embajada oficial para la toma de posesión del nuevo presidente Pedro Aguirre. Estando en Buenos Aires, sabedor de que la guerra se aproxima a su fin, trata de acelerar su regreso a España para estar en su puesto cuando llegara el desenlace. A mediados de enero sale de la capital argentina, y tras un viaje repleto de peripecias llega a Paris el 4 de febrero. Cataluña ya había caído, y era imposible regresar a lo que quedaba de zona republicana. No volvería a pisar España en su vida.

Finalizada la guerra desde su exilio de Paris, Herrera continuaría con su actividad científica y divulgativa. Durante la II Guerra Mundial. Estando Paris ocupado por las fuerzas alemanas, se rumoreaba que los nazis estaban preparando un arma demoledora que inclinaría definitivamente la balanza hacia el lado alemán. Herrera sospechó que se podría tratar del arma atómica y escribió un artículo de título “¿La bomba de uranio terminará la guerra?”, donde explicaba los fundamentos científicos de tal arma, y los demoledores efectos de su utilización, que harían que quien la poseyera antes ganara la guerra. La publicación del artículo sería prohibida por las autoridades nazis, lo que confirmo a Herrera sus sospechas de que los alemanes estaban trabajando en ello. Liberado Paris, el artículo sería publicado el 15 de julio de 1945 y 22 días después caía la primera bomba atómica sobre Japón, cumpliéndose lo previsto por el general español sobre el desenlace de la guerra si se utilizaba esa terrible arma.

Pero volvamos al Paris ocupado, poco después de intentar publicar el artículo recibiría la visita del general Wilhem von Faupel, antiguo conocido de su experiencia con los Zeppelín, que le propuso trabajar en el laboratorio de Wernher von Braun y el coronel Dornberger donde se estaban desarrollando nuevas armas. La propuesta fue rechazada y Herrera continuaría en la capital francesa durante toda la guerra. Cuando la ciudad de París fue liberada por las tropas aliadas, Herrera tuvo la satisfacción de ver como los españoles de la División Leclerc eran los primeros en entrar en la ciudad.

En 1944 las tropas aliadas entraban en París. Las primeras en hacerlo sería la División del general Leclerc, formada mayoritariamente por antiguos soldados españoles del Ejército de la República que desfilarían por los campos Eliseos con sus vehículos bautizados con los nombres de batallas de la Guerra Civil: Madrid, Brunete, Guadalajara, Guernica… y otros tan sugestivos como “España Cañi”. (Haga clic sobre la imagen para verla ampliada). (Haga clic sobre la imagen para verla ampliada).

Finalizada la Guerra Mundial, seguiría inmerso en sus estudios e investigaciones, continuando siendo un referente internacional en temas de aeronáutica y en los nuevos avances en la investigación espacial que tomaron un gran impulso una vez finalizada la guerra en Europa. La todopoderosa NASA trató de conseguir los servicios de Emilio Herrera, según el testimonio de su ayudante , el piloto Antonio García Borrajo: "Cuando los norteamericanos le ofrecieron a Herrera trabajar para su programa espacial con un cheque sin limitaciones en ceros, él pidió que una bandera española ondeara en la Luna, pero le dijeron que sólo ondearía la de Estados Unidos". Al igual que ya hiciera con los alemanes durante la II Guerra Mundial, Herrera rechazaría la oferta. Sin embargo, y como agradecimiento a Emilio Herrera por sus estudios e investigaciones, principalmente en lo referido al diseño de la escafandra espacial, la NASA por medio del astronauta Neil Amstrong (el primer hombre en pisar la luna) entregaría una roca lunar a Manuel Casajust Rodríguez, empleado en la NASA en aquel momento y colaborador de Herrera. Esta roca lunar, valorada en un millón de dólares, sería depositada en el Museo del Aire de Cuatro Vientos, desapareciendo sin dejar rastro en 2004, definitivamente en algunas cosas España es diferente.

Fotografía de la tripulación del Apolo XI, la primera en pisar la luna. En 1971 Neil Amstrong regalaría a España una roca lunar como agradecimiento por la labor de Emilio Herrera. La roca valorada en un millón de dólares, desaparecería del Museo del Aire en 2004. (Haga clic sobre la imagen para verla ampliada).

Durante su largo exilio nunca olvidaría su compromiso con la República. Durante muchos años desempeño el cargo de Ministro de Asuntos Militares en el Gobierno de la República en el exilio, y entre 1960 y 1962 fue presidente del gobierno de la República, siendo sustituido por Claudio Sánchez Albornoz.

Emilio Herrera Linares, además de un científico e intelectual que alcanzó la genialidad, fue una persona de una calidad humana excepcional, un hombre integro, de una conducta intachable, que siempre antepuso el bien común al suyo propio. Como militar siempre respetó al poder legalmente constituido, al igual que a la voluntad popular. A lo largo de su vida dio numerosos ejemplos de su sentido de la lealtad y del honor, anteponiendo el cumplimiento del deber a cualquier otra circunstancia.

Herrera junto a su esposa Margarita en su apartamento del número 15 de la Rue Béranger de París. FOTO REVISTA AEROPLANO. (Haga clic sobre la imagen para verla ampliada).

Terminamos con un episodio de su vida que nos ilustra sobre la excepcional personalidad de Emilio Herrera. Este episodio fue relatado por Fernando Valera durante un homenaje al recientemente fallecido Herrera, que tuvo lugar en el Ateneo Ibero Americano de París en noviembre de 1967:

«Emilio Herrera era Gentilhombre de Palacio, una distinción concedida por Alfonso XIII a raíz de las hazañas de Herrera en Marruecos. Proclamada la República en 1931 y con el monarca ya en el exilio, Herrera se desplazó hasta París y se presentó ante Alfonso XIII en el Hotel Saint Maurice:

- “Señor, yo estoy ligado por un juramento de lealtad a Vuestra Majestad. Para seguir en el Ejército he de comprometer mi palabra de honor de ser leal a la República. Yo no puedo hacerlo, si antes vuestra Majestad no me libera de mi anterior juramento, porque un hombre de honor no tiene dos palabras”
- “El soldado no sirve al rey, sino a la patria”,- le contestó caballerosamente el soberano, -“Yo te libero, pues, de tu juramento. Permanece en el Ejército, y sigue sirviendo lealmente a España”.
- “Bien entendido”, -replicó el general Herrera, - “que si yo presto mi palabra de honor de servir a la República, le será tan fiel como lo he sido y como lo habría seguido siendo a Vuestra Majestad”.

“… y he aquí como, en cumplimiento de la más alta virtud del soldado, la caballerosidad, la fidelidad hasta la muerte a la palabra de honor empeñada, Don Emilio Herrera, a partir de 1931 durante la Guerra Civil y a lo largo de casi treinta años de destierro, ha compartido las aspiraciones, el heroísmo, la gloria, la tragedia y la derrota de la República española, como maestro, guía y ejemplo de la gloriosa aviación republicana que desde 1939 se bautizó a si misma con el significativo nombre de Alas Plegadas”».


Todo un ejemplo, que otros muchos no siguieron.

Florentino Areneros.

NOTA DE LA REDACCIÓN:

Esta crónica esta basada en el artículo de José Warleta Carrillo “Emilio Herrera Linares (1879-1967)” publicado en el número 6 de la revista AEROPLANO (clic aquí para ir al artículo) , y en el trabajo de Emilio Atienza Rivero “Emilio Herrera Linares. General de Brigada” publicado en el libro “25 militares de la República” editado por el Ministerio de Defensa.


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