miércoles, 5 de abril de 2017

LOS REFUGIADOS DE LA EMBAJADA ALEMANA

FOTO 1: Un grupo de refugiados descansa en los jardines de la Embajada Alemana, ubicada en el Paseo de la Castellana nº4, tras producirse el golpe militar de julio de 1936. (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

NOTA DE LA REDACCIÓN: Este artículo complementa a los publicados en este mismo blog sobre el fótógrafo alemán (clic aquí para ir a los artículos anteriores). Todas las fotos que aparecen en este artículo, salvo indicación en contra, pertenecen al Fondo Otto Wunderlich del Ministerio de Cultura.

OTTO WUNDERLICH
LOS REFUGIADOS DE LA
EMBAJADA ALEMANA

Por Florentino Areneros.

Tras producirse el golpe militar de julio de 1936 que desencadenaría la Guerra Civil, el fracaso de este en ciudades como Madrid provocaría que muchos residentes en la ciudad entendieran, no sin fundamento, que su integridad física peligraba, lo que llevó a muchos a intentar abandonar la ciudad, a otros a esconderse, o a tratar de buscar el paraguas protector de la afiliación a determinados sindicatos y partidos, y a otros muchos a buscar refugio en lugares seguros, a veces en domicilios de personas de indudable trayectoria republicana, pero en la mayoría de los casos se buscaba refugio en las embajadas y otros lugares bajo protección diplomática.

De esta forma la mayoría de embajadas en Madrid pasarían a convertirse en lugares de acogida de miles de personas que buscaban protección entre sus muros. La avalancha de refugiados fue de tal dimensión que algunas delegaciones tuvieron que habilitar hasta pisos o palacetes para dar cabida al gran número de solicitantes de asilo. La gran mayoría de embajadas acogerían refugiados en sus sedes, con alguna excepción destacada como las de Reino Unido y los Estados Unidos, entre otras. Entre las embajadas que protegieron a estos refugiados, se encontraban las de países que apoyaban claramente a los sublevados, como Alemania, Finlandia o Noruega, las de otras naciones no tan directamente hostiles pero que no ocultaban sus simpatías por los golpistas, como Perú, Chile o Cuba, pero también países que apoyaban sin fisuras al gobierno republicano, incluso con el envío de armas, como México o Checoslovaquia, aceptarían refugiados en sus sedes diplomáticas.

FOTO 2: Entrada a la Embajada Alemana desde el Paseo de la Castellana. (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

Existe disparidad en cuanto al número de los que encontraron asilo en las embajadas. A las propias sedes de las embajadas, había que sumar consulados y multitud de pisos particulares, que se podían identificar por la presencia de una bandera de la nación que prestaba el asilo en una ventana o en la misma puerta de entrada al inmueble, por ejemplo la Embajada de la Republica Dominicana contaba con 68 pisos en Madrid destinados a acoger refugiados. Es difícil precisar el número de personas que se acogieron a esta protección, los datos varían según las fuentes, pero se podría dar una cifra aproximada de 10.000 personas a finales de 1936 y principios de 1937, una cifra que iría disminuyendo según avanzaba la guerra gracias a las evacuaciones que se realizaron, o al abandono de las sedes cuando algunos consideraron que tenían suficientes garantías para ello. Al finalizar la guerra se calcula que unas 3.000 personas permanecían todavía bajo protección diplomática. Destacar que no todos los refugiados se podían encuadrar como derechistas o antirepublicanos, también se encontraban entre ellos personas sin serlo se sentían amenazadas, como Alfredo Cabanillas, director del Heraldo de Madrid, quien durante el día trabajaba en las oficinas del diario y pernoctaba en la Embajada de Francia. O el caso del mismísimo alcalde de Madrid, el socialista Pedro Rico, detenido en un control de milicianos anarquistas en Tarancón el 6 de noviembre de 1936 cuando se dirigía hacia Valencia al igual que el gobierno y otros muchos cargos políticos, y fue obligado a regresar a Madrid para correr la misma suerte que los madrileños. Al llegar a Madrid, Rico se dirigiría inmediatamente a la embajada de Francia a pedir asilo. Semanas después abandonaría Madrid en el maletero de un vehículo hacia Alicante y el exilio.

FOTO 3:Un grupo de guardias de asalto encargados de dar protección a los refugiados en la embajada, fotografiados en un momento de descanso. (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

El tema de las embajadas en el Madrid de la Guerra Civil daría no ya para varios artículos, sino para varios libros, algo fuera de nuestro alcance, pero aprovechando la localización de unas sensacionales fotos de Otto Wunderlich, si nos gustaría hablar brevemente sobre lo que ocurrió en la embajada alemana de Madrid en esos primeros meses de la guerra.

La embajada de Alemania se encontraba en 1936 al comienzo del Paseo de la Castellana, en el número 4, junto a la plaza de Colón. Ocupaba gran parte de la manzana delimitada por la propia Castellana, la calle de Serrano, así como las de Hermosilla y Ayala. Dentro de la parcela de la embajada alemana, además del palacete, también se encontraba una singular iglesia de estilo bizantino, construida a principios de siglo, que venía a dar servicio a la colonia alemana, y de otras nacionalidades, que profesaban el culto evangélico. El edificio de la embajada correría la misma suerte que otros muchos palacetes de la Castellana, Prado y Recoletos, y sería demolido a mediados del siglo pasado, construyéndose en el solar un moderno edificio. A día de hoy solo se conserva la pequeña iglesia, que pasa casi desapercibida al estar encajonada entre dos edificios de mucha mayor altura.

Gracias a la sensacional serie de fotografías que tomó Otto Wunderlich podemos recomponer parte de la historia que se vivió en aquel lugar en los momentos posteriores al golpe militar de julio de 1936. Al igual que otras muchas familias alemanas, Wunderlich junto a su esposa Margarita y su hijo Rodolfo se refugiarían en la embajada alemana.

FOTO 4:Otto Wunderlich fotografiado junto a su esposa Margarita y su hijo Rodolfo durante su estancia en la embajada alemana. (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

Tras el fracaso del golpe en Madrid, la situación para los alemanes que vivian en la ciudad se hizo muy incómoda. Desde el primer momento se identificó a los golpistas con el fascismo, y por extensión con Alemania e Italia, tener la nacionalidad de alguno de esos dos países podía convertir a cualquier persona en sospechosa de simpatizar con los golpistas. Ante este temor muchos ciudadanos alemanes, seguramente aconsejados por sus propias embajadas, optarían por buscar la protección de sus respectivas sedes diplomáticas mientras se clarificaba la situación, o bien con vistas a abandonar la ciudad y el país. Las fotos que hemos conseguido recuperar de Otto Wunderlich dan fe de que esto ocurrió en la embajada alemana en Madrid durante el caluroso verano de 1936. No hemos podido comprobar las fechas exactas en las que fueron tomadas estas fotografías, en algunas de las cuales aparece el propio Wunderlich junto a su esposa e hijo, pero si que podemos afirmar que son anteriores al 14 de agosto, fecha en la que la familia Wunderlich abandonaría España, junto a numerosos compatriotas suyos, como veremos en un artículo que publicaremos a continuación de este.

Las fotos son un auténtico documento histórico de gran importancia, y gracias a ellas podemos hacernos una idea clara de las condiciones en las que estas personas tuvieron que permanecer en la embajada hasta su evacuación, de cómo se organizaban, de sus ratos de ocio, de cómo dormían, utilizando incluso la propia iglesia que tenían al lado como improvisado dormitorio, y hasta de cómo solucionaron el tema de la higiene para un número tan elevado de personas, instalando unas improvisadas letrinas en el jardín. Pero como dicen que una imagen vale más que mil palabras, dejemos que sean las propias imágenes las que hablen. Al final de este artículo pueden contemplar más de 150 fotografías.

FOTO 5:Un grupo de refugiados sentados alrededor de una mesa posan para el fotógrafo. (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

Aunque la mayoría de los alemanes que se encontraban en la embajada saldrían de España a mediados de agosto, en la embajada permanecería el propio personal, así como numerosos refugiados españoles. Todo ello se acabaría el 18 de noviembre de 1936, en los momentos más intensos de la Batalla de Madrid con las fuerzas franquistas a punto de conseguir entrar en la ciudad. Ese día los gobiernos de Hitler y Mussolini reconocieron al general Franco, lo que suponía romper relaciones con la República. La reacción de las autoridades republicanas no se hizo esperar y el ministro Álvarez del Vayo ordenó que las embajadas fueran desalojadas, el 20 de noviembre se le dio 24 horas a los alemanes para abandonar la embajada, pero la presencia de milicianos armados en el exterior lo impedía. Finalmente la evacuación comenzaría el día 23, con la presencia de representantes de otras embajadas encabezados por el embajador de Chile, Aurelio Núñez Morgado, que era también el Decano del Cuerpo Diplomático en Madrid. Según el testimonio de Santiago Carrillo, en aquel momento Consejero de Orden Público de la Junta de Defensa de Madrid, que recoge Javier Cervera Gil en su libro “Madrid en Guerra: la ciudad clandestina”, el propio Carrillo llegó al lugar cuando ya habían salido dos o tres coches, y los milicianos no se habían atrevido a intervenir. Copiamos a continuación el texto del Javier Cervera Gil sobre los hechos narrados por Carrillo:

«Entonces, como ya no se hallaban bajo la protección de la extraterritorialidad, ordenó que se disparase a las ruedas de los vehículos y se detuviese a los refugiados que todavía estaban saliendo de la embajada, aunque Carrillo reconoce que cuando lo hizo ya algunos se habían escapado de sus manos. La prensa recogió una lista de 45 refugiados detenidos, más dos súbditos alemanes. Está claro que lo de la embajada alemana no fue un asalto y la prensa recogió que hallaron armas y explosivos, lo que es algo difícil de confirmar, pero parece cierto. La idea que se tenía o lo que se transmitió por la prensa es que se trataba del principal nido de la Quinta Columna, cosa que era una exageración que no respondía a la realidad.»

FOTO 6:Anexa a la embajada se encuentra una iglesia de culto evangelico, cuyas instalaciones también serían utilizadas para cobijar a los refugiados. (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

Tenemos también el testimonio del alemán Félix Schlayer, que en aquel momento ejercía como Encargado de Negocios de la embajada de Noruega, aunque por la ausencia del embajador ejercía de cónsul de Noruega en España, algunas fuentes le señalan como un pro-nazi, o directamente nazi. En su libro “Diplomático en el Madrid Rojo” recoge con gran detalle aquel episodio en el que participó personalmente, desempeñando un destacado papel. Transcribimos a continuación el texto completo de Schlayer en el que se refiere a lo sucedido durante la evacuación de la embajada alemana:

«A mediados de noviembre de 1936, el Reich alemán rompió sus relaciones con la España roja, y trasladó su representación a la España nacional. El personal de la Embajada ya se había trasladado unas semanas antes a Alicante y allí estaba protegido por los barcos alemanes. Pero el edificio de la Embajada alemana en Madrid continuaba utilizándose. En él se hallaban unos cuantos alemanes y un número mayor de refugiados españoles que se habían acogido a la protección de la bandera alemana. Hacia ya semanas que llevaba estacionado día y noche delante de la puerta un camión ocupado por Guardias de Asalto, que estaban al acecho de algunas personalidades refugiadas para ver la manera de hacerse con ellas.

Había asumido la protección de los refugiados de nacionalidad alemana el Embajador de Chile, en su calidad de Decano del Cuerpo Diplomático. El 23 de noviembre por la mañana temprano, recibió una nota en la que se le daba un plazo de 24 horas para entregar a los funcionarios rojos el edificio de la Embajada. El mencionado Embajador convocó una reunión para tratar de la salvación y distribución de los ocupantes del edificio. Se planeó la distribución, tanto de españoles como de alemanes, entre otras representaciones diplomáticas y, al día siguiente, acordamos ir a recogerlos. El Embajador tendría que procurarse garantías para nuestra seguridad durante la operación que, vista la "disposición" reinante, era bastante peligrosa. También tendría que fijarse de modo inequívoco, el plazo en el que ésta tenía que ejecutarse ya que la expresión "dentro de 24 horas" no resultaba lo suficientemente fiable.


FOTO 7: Un grupo de refugiados descansan sobre el césped de los jardines. (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

El Embajador se fue a ver al General Miaja, autoridad suprema en Madrid. Éste prometió toda clase de facilidades. Entregó al Embajador una carta en la que confirmaba que el Cuerpo Diplomático podía transportar a los internados en la Embajada de Alemania y que se pondría ante la misma, la dotación policial necesaria para proteger la realización del transporte, ante cualquier riesgo. El plazo expiraría a la una de la tarde, 24 horas después del convenio concertado con Miaja.

Nosotros nos citamos para las ocho de la mañana en la Embajada, llevando nuestros coches; también el Embajador de Chile quería estar personalmente presente para hacerse cargo de su cupo de refugiados.

A las ocho en punto me personé con dos coches. Ya había toda una serie de autos de diplomáticos. El Embajador no pudo acudir porque se encontraba indispuesto. Delante de la finca, en la Castellana, había gran número de tipos armados; no se podía saber si policías o milicianos, unos y otros iban igual de desastrados en cuanto al atuendo. En la mayoría de los casos el uniforme consistía en el habitual mono azul de trabajo con correaje de cuero; del cinturón pendía la pistola; parte de ellos llevaban fusil al hombro. La mayoría eran jóvenes, su aspecto no inspiraba confianza. Cuantos pasaban por ser guardias de asalto o milicianos eran, sin duda elementos recién admitidos, sin selección alguna y aún sin formación de ninguna clase. Tampoco se veía claro, de momento quien los dirigía o qué clase de verdadera dirección llevaban, por lo menos no se nos presentó nadie que nos lo dijera. Lo que parecía es que, según una buena costumbre bolchevique, cada cual hacía lo que le venía en gana.


FOTO 8:Una persona, seguramente algún miembro de la embajada, se dirige a los refugiados allí reunidos para comunicarles alguna información de interés. (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

En el jardín había ya cierto número de refugiados dando vueltas, esperando con impaciencia que se les llevara de nuevo a lugar seguro. Se hallaban comprensiblemente excitados por la terrible proximidad de la policía hostil. Yo introduje a tres jóvenes españoles en mi coche, me marché el primero y giré a la derecha, bajando hacia la Castellana. Nuestros ángeles de la guarda contemplaban el coche asombrados, pero éste, entretanto ya se había ido. A la velocidad del rayo, me dirigí a casa, es decir a la Legación, al otro extremo de la Castellana, descargué allí a los tres nuevos, se los entregue a los antiguos y regresé enseguida a la Embajada.

La gran avenida llamada Paseo de la Castellana, al principio de la cual se hallaba situada la Embajada tiene una amplia calzada central, con dos andenes anchos y ajardinados para peatones a derecha e izquierda, respectivamente, y al otro lado de cada uno de ellos otra parte empedrada para los tranvías y el resto del tráfico rodado. Ya, desde lejos, vi que había un atasco en la parte de tráfico rodado de la derecha, frente a la Embajada. Exacto: en la esquina con la bocacalle, los policías habían mandado parar el coche mejicano que venía detrás del mío y habían pedido la documentación de los que iban en él. Otros cinco coches, cargados con refugiados que habían de ser transportados a otras Legaciones, salieron entretanto y estaban allí en fila, detrás del primero. Se estaba desarrollando un violento duelo verbal entre el funcionario mejicano del primer coche y los policías. Éstos estaban muy excitados. La atmósfera se iba haciendo cada vez más densa y la situación se iba poniendo al rojo vivo. Otro colega, de nacionalidad alemana también, estaba subido al estribo en medio de los policías y trataba de suavizar la situación. Me agregué a él y apliqué mi sistema que ya varias veces había probado con éxito, para imponer mi opinión en esa "banda sonora" de palabras fuertes. Como siempre, se encogieron ante tamaña osadía. Tuve suerte; entre ellos había por casualidad un policía de los antiguos. También él se sintió osado y gritó: “¡Este señor tiene razón, estáis locos, deteniendo coches diplomáticos, no tenemos derecho a hacerlo, lo que pasa es que estos novatos no lo saben!" Aproveché el momento y le grité al chófer mejicano "¡Adelante!" Éste arrancó y los otros cinco detrás, antes de que los demás volvieran en sí de su sorpresa. Gracias a Dios, por de pronto, ya teníamos a unos 30 refugiados fuera de peligro.


FOTO 9:Otra vista del edificio de la embajada fotografiado por Wunderlich. (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

Regresamos, otra vez, a la Embajada que estaba próxima; la Policía se había situado en la esquina de la derecha. Mientras tanto salió por la puerta otro coche, el chileno; giró astutamente a la izquierda, en lugar de a la derecha y así pudo alcanzar la otra calle, sin impedimento alguno.

En el jardín de la Embajada había aún varios coches, y entre ellos, los dos míos, listos ya, con otros siete hombres dentro. La atmósfera estaba ahora ya muy cargada. Fuera la "piara" con pistolas y fusiles, ya abiertamente hostiles. Por precaución, cerramos la puerta de hierro. ¡Vaya, quizás aún salgamos adelante. Hay que intentarlo! Entonces me acordé de las hermosas pistolas y granadas que estaban allí y que en caso necesario bien podría utilizar en mi delegación. Dentro de unas horas, me dije, estarán sin más en manos de esa panda. ¡O sea que para adentro! Fui al cuarto donde estaban las cosas preparadas para su entrega o para utilizarlas, eso todavía no se sabe. Cogí cierto número de pistolas, municiones, y una caja de granadas de mano y las metí en mi coche. Así por lo menos para algo servirían, si es que se salía adelante.


Caja de granadas encontradas en el interior de la embajada tras ser desalojada la misma en noviembre de 1936. Fotografía Archivo Rojo Ministerio de Cultura, autor: Lladó, signatura AGA_F_04056_54676_001_01. En el reverso del original puede leerse: “Granadas de mano recogidas en la Embajada Alemana”. (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

Mi colega y compatriota dijo entonces "Schlayer, salga Ud. el primero”; Tenía otra vez a tres hombres en el coche, me senté en el asiento de delante, al lado del conductor. “¡Gira enseguida a la izquierda y echa a correr como un diablo!” Entonces mandé que abrieran el portón de repente y salí, rozándolo para afuera. Doblamos a la izquierda. Me esperaban a la derecha. Se levantó un gran griterío. Sonaron unos tiros. Hicieron varios agujeros en el coche, pero los disparos no alcanzaron a nadie. Sin embargo, tres de aquellos tíos se había subido ya como monos a los estribos y agitaban sus pistolas a través de las ventanillas delante de mi rostro. Uno de ellos había abierto la portezuela pero yo la sujetaba con el brazo derecho a través de la ventanilla y conseguí cerrarla. A pesar de todo, el coche tuvo que detenerse, la cosa se ponía demasiado peligrosa.

Intenté empujar hacia abajo al fulano que mantenía su pistola debajo de mis narices, porque no dejaba la puerta libre. Pero, entretanto, los del otro lado habían abierto la puerta y separado brutalmente a dos compañeros que querían sujetarla despidiendo hacia fuera a los tres hombres. Como una jauría de perros se tiraron al coche. Por suerte en mi segundo coche que iba detrás donde llevaba el cargamento que me podía comprometer seriamente pudo escapar a toda marcha a la Legación de Noruega, donde descargó.


Otra de las cajas de granadas halladas en el registro de la embajada. Fotografía Archivo Rojo Ministerio de Cultura, autor: Lladó, signatura AGA_F_04056_54677_001_01. En el reverso del original puede leerse: “Granadas halladas en la Embajada Alemana”. (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)
Instrucciones para el manejo de las granadas. Fotografía Archivo Rojo Ministerio de Cultura, autor: Lladó, signatura AGA_F_04056_54678_001_01. En el reverso del original puede leerse: “Instrucciones de las cajas de granadas halladas en la Embajada Alemana”. (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

Como pude, regresé a la Embajada alemana pero a los tres hombres que habían sacado de mi coche, se los llevaron a la Dirección General, que estaba cerca.

Ante el portalón de la Embajada había llegado ahora el Jefe de la Policía de Madrid, un joven de la Juventud Socialista Unificada, un ser nada recomendable; como ocurría con todo los de dicha organización, que ya no era socialista sino puramente comunista. Nos quejamos a él de la actitud de la así llamada Policía que, en lugar de ofrecernos protección, nos había agredido. Hicimos valer el escrito de Miaja en el que nos garantizaba plena libertad actuación, lo cual no se había cumplido. El arguyó que esa libertad de actuación no podía referirse a los ocupantes españoles de la Embajada alemana porque este servicio estaba dentro de su prescripción. Nos fuimos a ver a Miaja, con el colega polaco, conde Kosziebrodsky, y con el yugoslavo, para pedirle que hiciera respetar lo convenido por él. Hablamos en primer lugar con el Coronel, Jefe de su Estado Mayor. Este trató el asunto con el General, y se puso enseguida a nuestra disposición para acompañarnos a la Embajada y darle una lección a ese joven policía. Pero una vez allí, nuestro buen Coronel se vino abajo. Adoptó el argumento del jovencito, según el cual los "ocupantes de la Embajada" que podíamos llevarnos no podían ser más que los de nacionalidad alemana. Los súbditos españoles le correspondían a él. En vano insistimos: en el clarísimo texto original del convenio nada había que se pudiera interpretar de modo distinto. Se refería a los ocupantes, sin ninguna excepción y esto lo tenía Miaja muy claro al redactar el texto. El joven policía se mantenía, con una terquedad que parecía aprendida de Largo Caballero, (el único mérito que le había llevado a tan alto puesto era el haber pertenecido con anterioridad a la guardia personal de Largo Caballero) en su unilateral interpretación, y el Coronel retrocedió vergonzosamente. La "escolta de protección" que nos había prometido Miaja se había cambiado en "tropa de ataque".

No nos conformamos con los argumentos del Jefe de la Policía y nos dirigimos al Embajador de Chile, en su calidad de Decano, para hacer valer nuestro bien documentado derecho. El embajador telefoneó a Miaja que, ahora, de repente argüía, no saber que en la Embajada de Alemania hubiera acogidos que no fueran alemanes, y se remitía al Gobierno. Con lo dicho capitulaba de manera ignominiosa ante su subordinado, el aprendiz de policía, ya que conocía de sobra la orden, según la cual, desde hacía ya semanas, tenía que haber, día y noche, frente a la Embajada alemana, un fuerte destacamento de policía en un coche, para impedir la salida de la finca de determinadas personalidades españolas allí refugiadas, acogidas al derecho de asilo. El Embajador telefoneó en nuestra presencia, a Valencia y habló con Álvarez del Vayo y con Largo Caballero. Dado que se trataba de una cuestión jurídica trascendental del derecho de asilo, exigíamos, ante todo, la prolongación del plazo fijado, con el fin de tener tiempo para reflexionar antes de proceder a negociar. Álvarez del Vayo, rechazó la propuesta con pretextos, Largo Caballero con grosería. Declaró sin rodeos que quien tuviera la nacionalidad española y estuviese en la Embajada quedaría detenido. Ante tal infidelidad a la palabra dada y contra semejante violencia nada podíamos hacer.


Vista de la Embajada Alemana tras ser desalojada en noviembre de 1936. Fotografía Archivo Rojo Ministerio de Cultura, autor: Lladó, signatura AGA_F_04056_54675_001_01. En el reverso del original puede leerse: “Edificio de la Embajada Alemana”. (Haga clic sobre la foto para verla ampliada)

Y era casi la una, hora en que finalizaba el plazo impuesto, cuando regresamos a la Embajada alemana sin haber podido conseguir nada para los cuarenta y cinco españoles restantes. El portón estaba cerrado, la Policía se hallaba ya delante del mismo, formada en orden de combate dispuesta al asalto. Se procedió entonces a sacar a los alemanes que aún estaban dentro y, tras examinar sus papeles, la guardia los dejó pasar; se los llevaron a otra Legación. Dos de los alemanes se quedaron voluntariamente dentro y se entregaron a la policía española. A la 1’15 estaba yo todavía solo en el jardín de la Embajada. Los refugiados españoles se habían retirado al interior de la casa, amedrentados, ya que no podían prever el trato que les esperaba. La finca quedó como muerta; fuera estaba la Policía dispuesta al ataque. Entonces entró el que mandaba la tropa policial, que era un Capitán y me explicó que yo tenía que salir ahora de la Embajada ya que había recibido la orden de tomarla por asalto a la una y entonces me tendría que considerar como perteneciente a la misma. Apenas salí fuera de la Embajada cuando la policía penetraba con las pistolas, ya sin seguro, y con los rostros en fuerte tensión para lanzarse sobre la casa. Sin duda esperaban resistencia. Afortunadamente ésta no se dio y todo transcurrió pacíficamente. Prendieron a los acogidos, los llevaron a cárceles, donde estuvieron durante meses. Más adelante, sin embargo, recobraron todos su libertad.»

Parece que Schlayer se refiere a Carrillo cuando habla del “Jefe de la Policía de Madrid, un joven de la Juventud Socialista Unificada, un ser nada recomendable”, y más teniendo en cuenta que los relatos de ambos coinciden. Es bastante extraño que Schlayer no se diera cuenta de que se trata de la misma persona con la que según su testimonio había mantenido una muy larga entrevista unos días antes para hablar de las sacas de Paracuellos: “Ya no podía quedarme allí más tiempo porque tenía que recoger al Delegado de la Cruz Roja para acudir a la entrevista con la nueva autoridad policial, tal como había quedado convenido entre nosotros. La tal autoridad, se llamaba Santiago Carrillo, con el que tuvimos una conversación muy larga”. Ahí queda la duda.

En un próximo artículo relataremos como otto Wunderlich y gran parte de los refugiados en la embajada conseguirían salir de la misma, y tras una serie de peripecias y de pasar por varios países, acabarían regresando a Alemania.

Florentino Areneros.


GALERÍA FOTOGRÁFICA
A continuación mostramos las fotografías tomadas por Otto Wunderlich tomadas en el interior de la embajada alemana (169 FOTOGRAFÍAS EN TOTAL), las cuales hemos agrupado en diferentes temáticas. Cualquier comentario sobre alguna de las fotografías (indiquen el número de la misma por favor) será bien recibido.

Haga clic en la imagen para ir a la página de Madrid en Guerra.

LOS REFUGIADOS
En la mayoría de este grupo de 41 fotografías podemos contemplar a los refugiados en el exterior de la embajada. Casi todas muestran a los refugiados tratando de llevar lo mejor posible un tiempo de espera que sin duda se tuvo que hacer interminable para la mayoría de ellos, bien durmiendo una siesta, jugando a las cartas, leyendo o conversando entre ellos. En todas las instantáneas parece adivinarse que el calor tuvo que ser muy intenso en esas jornadas, como corresponde a esa época del año en Madrid.

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LA IGLESIA
Junto a la embajada, en el número 6 de la Castellana, se construyó una iglesia por orden del Kaiser Guillermo II que se destinaría al culto protestante de la comunidad alemana afincada en Madrid. El edificio de la embajada desaparecería en los años 50 del pasado siglo, pero la iglesia, que mezcla los estilos visigodo y bizantino, todavía se conserva desempeñando la misma actividad para la que fue creada.

En esta serie de fotografías comprobamos como fue utilizada también para acomodar a los refugiados, y añadimos otra serie de fotografías tomadas por Wunderlich en las que podemos apreciar las diferentes estancias del edificio.

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GUARDIA DE ASALTO
Ante el temor de que la embajada sufriera algún tipo de ataque o intento de agresión por parte de grupos armados, las autoridades republicanas destacarían a miembros de las fuerzas del orden en el interior de la embajada. Como podemos apreciar en las imágenes, los guardias de asalto allí destinados compartían el tedio y aburrimiento de los refugiados.

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HORA DE COMER
Satisfacer las necesidades básicas de un grupo tan numeroso de personas en un espacio tan reducido y sin las instalaciones adecuadas tuvo que suponer un verdadero quebradero de cabeza. En esta serie de fotografías podemos ver como se organizaban los refugiados a la hora de comer, sin duda la legendaria eficiencia organizativa de los alemanes ayudó a superar muchas de las dificultades que se plantearían.

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ACOPIANDO AGUA
Por esta serie imágenes obtenidas por Otto Wunderlich, en la que vemos a un buen número de refugiados haciendo una cadena, podemos deducir que en algún momento se planteó, o fueron avisados, de la posibilidad de que se produjeran cortes de agua. Motivo por el que los refugiados harían acopio de recipientes para almacebar la mayor cantidad de agua posible.

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SANIDAD
En estas fotografías podemos apreciar que se organizó un servicio sanitario básico, para atender a todas las personas allí refugiadas. Otra muestra de la capacidad organizativa germana.

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LA HIGIENE
Uno de los mayores problemas a los que tendrían que hacer frente es el de la higiene en un espacio tan reducido y con un número de personas tan elevado. Para ello se habilitarían diversos lugares dentro del recinto, incluidas unas improvisadas letrinas.

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LOS NIÑOS
En esta precaria situación, el cuidado y atención de los niños tuvo que ser una prioridad. En las fotografías podemos ver como se organizaban juegos y actividades para tratar de hacer lo más llevadera la situación para todos ellos, aunque por la cara de muchos de stos pequeños, no parece que se lo pasaran tan mal, para muchos sería incluso una singular aventura.

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RETRATOS
Cerramos este artículo con una serie de retratos que Wunderlich sacó algunas de las personas allí refugiadas. Desconocemos los criterios de la selección de las personas que aparecen, su identidad, así como la finalidad para las que fueron realizadas (amigos, peticiones personales, fotos para documentos, recuerdo…), pero es evidente que se realizaron por algún motivo.

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En un próximo artículo narraremos las vicisitudes que tendrían que pasar gran parte de estos refugiados hasta llegar a Alemania, todo ello acompañado de las fotografías que tomó Otto Wunderlich de aquella singular odisea, y del testimonio de algún testigo.

Florentino Areneros.

ARTICULOS ANTERIORES WUNDERLICH

A continuación mostramos el listado de artículos publicados sobre Otto Wunderlich en Sol y Moscas, haga clic sobre cualquiera de los títulos para ir al artículo.








7 comentarios:

  1. ¿Sabe si estaba en la embajada el tipógrafo Joseph Blass y su familia?
    Gracias
    antmor03@ucm.es

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    1. Gracias por su comentario y por visitar el blog.

      Desconozco la identidad de las personas que aparecen en las fotografías, pero continuamos indagando.

      Saludos.

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  2. Fabuloso reportaje y documento, Florentino. al principio del artículo das la dirección de Pº Castellana, 4. Un poco más adelante dices núm. 5. Sin duda era el 4, porque está en el lado derecho de la avenida.

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    1. Muchas gracias Enrique por tus palabras y por el aviso (lo de que el 4 esté al lado del 5 es un problema para mis dedos), lo cambio inmediatamente.

      Saludos.

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  3. Te estoy enormemente agradecido por la publicación de estas fotografías y la información con que las acompañas. Felicidades por esta entrada de tu blog.

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    1. Muchas gracias Carlos por tus amables palabras y por visitar el blog. No hay mayor recompensa que saber que interesa y gusta a los que lo leen. Saludos.

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  4. Excelente reportaje.
    Se me ocurren mil comentarios a las interesantísimas fotografías. Enternecedoras las Nº 131, 132 y 133, la criatura con el gorrioncillo y sus supertirantes que parecen más a unos correajes.
    Un saludo
    R. CAPA

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